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Posibilidad y Realidad: Una perspectiva de la actual política.

Por Pedro Figueredo noviembre 14, 2022

Aspirar a una comprensión integral de la situación actual, exige considerar simultáneamente el curso general de los acontecimientos y el discurrir interno de la nación. Asunto nada fácil y en una apretada síntesis más difícil aún. Empero, eso es lo que se intenta presentar en la siguiente nota, confiando que semejante propuesta “medio pretenciosa”, pueda contribuir a una conveniente y abierta discusión sobre un tema sensible del momento actual, la unidad contradictoria entre lo posible y lo real de la actual política nacional.

Una visualización sobre el decurso del capitalismo actual del globo (porque éste es el sistema que reina en el planeta incluyendo China) nos lleva a considerar por lo menos tres niveles de problemas: los político-sociales, los económicos y los científico-tecnológicos. Entrelazados orgánicamente aunque discernibles aisladamente. Pero posible además de ser tratados unificadamente en un determinado nivel de comprensión holística de los asuntos humanos. Dada la atemorizante situación política mundial para los meses terminales del 2022, debe comenzarse por allí. No solo porque el riesgo de una confrontación nuclear ha crecido. Según los científicos que diseñaron el reloj tan conocido de conteo apocalíptico de los minutos que antecederían al peor escenario de una guerra atómica, habrían disminuido tales minutos a unos pocos antes de la hora cero, por la crisis del estrecho de Taiwan y por los riesgos de la guerra en curso de Ucrania. Pero el temor en las gentes también venía creciendo, porque el balance de equilibrio disuasivo de confrontación directa entre grandes potencias, según acuerdo alcanzado por ellas al filo de la guerra fría, ha desaparecido casi completamente. La volatilidad y el azar parecen ser ahora las fuerzas determinantes de las relaciones internacionales entre los poderosos del planeta. Se ha pasado del peligro latente a la amenaza directa. La única barrera a decisiones de uso de fuerza universal, sería entonces el poder de veto dentro del Consejo de Seguridad de las NNUU, de las mismo cinco grandes potencias nucleares que lo detentan desde antes del fin de guerra fría: Usa, China, Rusia, Inglaterra y Francia. La ampliación rotatoria del Consejo de Seguridad con otras naciones carece de poder de veto. Así está estatuído. Ahora la violencia generalizada en el planeta ha crecido a números escalofriantes, como bien lo muestra el larguísimo listado de guerras acaecidas entre países o al interior de ellos desde hace más de cincuenta años. El colapso del socialismo se tradujo fue en el acrecentamiento de los conflictos bélicos sobre la tierra y no en su disminución como era de suponer. Ya el capitalismo en general, no se puede calificar como poseedor de cierta capacidad de autoequilibrio y co-crecimiento duradero de largo plazo, como lo fue por ejemplo en los años de la llamada “treintena gloriosa”, entre el fin de la II guerra mundial y hasta poco antes de la mitad de los años 70 cuando estalló la crisis del petróleo que dio al traste con ese período de crecimiento inigualable de la postguerra. Que todo indica nunca se podría repetir. La panorámica mundial económica es atemorizante, a pesar del influjo masivamente benigno que traía China desde el comienzo del siglo XXI dado que en la práctica se había convertido en el “taller del mundo”, rol cumplido por Inglaterra en el siglo XIX y por USA en el XX. Pero la amenaza creciente de una depresión económica duradera mundial, arrastraría inclusive la China milenaria. Aunque debido a sus fortalezas intrínsecas superiores a las de Occidente, le darían mejores opciones que a USA y Europa de sobrepasar una crisis depresiva universal.


Aunque el mercado de valores de las grandes bolsas (Wall Street, Londres y unas pocas más) muestran ciclos cortos pero remarcables de recuperación según lógicas conocidas, el análisis serio confirma que esos ascensos circunstanciales descansan hace ya años, más en autocompras masivas de valores propios por las grandes corporaciones, que en saltos reales en la productividad del trabajo o en la productividad industrial en particular. Ese fenómeno facilitado por la gigantesca inyección de dinero superbarato transferido al sistema privado por los bancos centrales para contrarrestar las temibles caídas catastróficas, es la última de las jugadas que convirtieron al “capital ficticio” en la verdadera identidad mundial del gran capital, y no el gran capital de inversión productiva real, que sí existió en algún momento del pasado. Este proceso de autodescomposición fue inducido masivamente por la crisis de los subprime de 2008 pero ya venía desde antes una dinámica de desindustrialización (a la cual escapó China) en el capitalismo occidental, de lo cual la historia parece va a empezar a pasar cuenta de cobro ahora. En los últimos tres años, desde el 2020 hasta ahora, solo el sector farmacoquímico ha crecido significativamente por Coronavirus, y también el complejo militar industrial, debido al pavoroso gasto militar estimulado por la guerra de Ucrania. Que le ha servido a las grandes potencias para vaciar sus enormes inventarios repletos de equipos militares obsoletos. Pero sabemos que el gasto militar no es creador de plusvalor reinvertible sino dinamizador de procesos deformantes tipo inflación, como efectivamente está ocurriendo en Europa y USA. De la volatilidad económica mundial no escapa ni China, como bien lo confirma el descenso continuo de su producto económico, el alarmante estancamiento de su sector inmobiliario y el amenazante impago masivo de la deuda interna de esa nación.

Si la unidad de la política y la economía se puede visualizar integralmente, solo un calificativo cabe: se trata de una crisis multidimensional del capitalismo mundial que aún no ha hecho explosión….todavía. Lo que esperanzadoramente confiamos que nunca suceda, pues una catástrofe universal no es una perspectiva deseable desde ningún punto de vista. Pero si podemos sostener como tesis, y ya no como una simple hipótesis, que el capitalismo mundial ha dejado de ser la fuerza dinamizadora de la historia como lo fue hasta avanzado el siglo XX. Su identidad universal está en la decadencia, en forma de capital ficticio como determinante subyacente. Decadencia visible de mil maneras. Ejemplos: descenso universal de la tasa de ganancia desde hace más de medio siglo. En este descenso ya entró China. Con lo que la capacidad de recapitalización automática y duradera se apachurró.


Repontenciación dramática de la pobreza en todas partes, inclusive en países que se creían ilimitadamente ricos como USA. Lo poquito que se había ganado en la lucha contra el hambre (no solo en Africa) se revirtió desde COVID. Imposibilidad real de eliminar el narcotráfico mundial y su devastador efecto dañino en los millones de humanos degradados por la narcodependencia. Continuidad y autoalimentación de la corrupción. Presencia alarmante y creciente de la violencia en forma de guerras frecuentes, más criminalidad urbana extendida, calentamiento global en aumento con sus daños ambientales en ascenso, más un largo etcétera. Lo que hay es un rosario de fracasos reiterados y desaciertos continuos, donde las perlas de los logros y los éxitos que se alcanzan, brillan precisamente por eso, por su escasez.


Y en este escenario escalofriante por lo “enternecedor” (si utilizamos las imágenes del supuesto arte postapocalíptico del gusto por lo horrible) también se puede identificar un inquietante fenómeno, aunque oculto a los ojos del gran público, un asimétrico entrampamiento tecnológico: a pesar de las impresionantes maravillas descubiertas por el Hubble y el James Webb, de las imponentes expectativas creadas por el gran colisionador de hadrones, el proyecto ITER mas otros logros impresionantes esos si concretos de la bioingeniería y la física del estado sólido, todas en áreas de tecnología de frontera pero probablemente debido a su crecimiento anárquico y asimétrico, no se ha encontrado todavía una tecnología de frontera que de manera rápida, fácil, barata y económica permita reemplazar la producción de energía con origen en combustibles fósiles, por otras fuentes más cómodas, fáciles de montar y sobre todo más baratas. Los combustibles fósiles producen todavía más del 60% de la energía que consume el planeta. También hasta ahora, a pesar de los impresionantes avances en la agronomía y afines y la industrialización de alimentos, tampoco encuentran mecanismos para fabricar comida variada, masiva para todo el mundo y a precios reducidos. Más de 3000 millones aguantan hambre frecuentemente y más de 1000 millones lo hacen permanentemente.


En cambio algunos de los más notables avances tecnológicos esos sí de forma postapocalíptica, empiezan a ser utilizados de manera agresiva para la industria de la muerte como bien lo vemos con la utilización masiva de drones en la guerra de Ucrania, cuando debían estar dedicados a la agricultura avanzada donde podrían (en muchas partes ya se hace así) cumplir un papel crucial en el salto productivo. Es enternecedor la nota de prensa donde ciertas corporaciones tecnológicas de frontera se comprometen púdicamente, a no instalar armas en sus ingenios robóticos….veremos muy pronto que sucede cuando ello sea un buen negocio. El gran éxito “negativo” de la economía mundial (excepto China y otros pocos países pequeños) ha sido en el siglo XXI el aumento de la pobreza. Por supuesto que nos alegra que por lo menos el gobierno chino informe institucionalmente que en esa nación lograron erradicar la pobreza y el hambre masivas. Luego se puede. Pero ¿por qué la mayoría del mundo liderado por la dupla USA-EUROPA, si padecen esas plagas cuasi bíblicas? Que no solo no disminuyen sino que aumentan aunque sea de forma relativa en la más benévola de la estimaciones.

La acumulación de problemas como los mencionados -gravísimos por demás- más muchos otros que se deberían considerar como el calentamiento global con su desorganización mundial de la climatología, la crisis del agua potable en continentes enteros y muchos otros, confirma que el capitalismo mundial no solo no es ya la fuerza direccionante y dinamizadora de la historia humana, sino que empieza a volverse sobre sí mismo, entorpeciendo, deformando o inclusive impidiendo su propio progreso. Tesis válida no solo para Usa, Europa, Japón y otros industrializados, sino para los emergentes también. A nivel regional no impulsa ya ningún tipo de crecimiento destacable ni en Africa (las inversiones chinas allí es caso aparte) ni en el sureste de Asia ni en América Latina. Excepto el caso de naciones que apenas hace 70 años llamaban subdesarrolladas como Israel, Corea del Sur o Singapur que por condiciones particulares de su experiencia están ahora por fuera de tal denominación, queda una inmensa cantidad de más de 130 países sumidos en una situación de estancamiento estructural ya pesado y agobiante para sus poblaciones.


Alli está la causa de que el sureste de Asia, Africa y América Latina sean los actuales creadores de más del 90% de los flujos de inmigrantes desesperados por escapar de la miseria, la pobreza y la falta de oportunidades en sus propias naciones. Pero son millones. Precisamente América Latina es uno de tales focos de estancamiento y desangre de emigrantes. Continente que en más de dos siglos de vida republicana, varios de sus países alcanzaron inclusive cierto nivel de remarcable industrialización, hasta llegar a la actual postración, la cual Coronavirus no hizo sino atornillar con doble tuerca. Y sino que lo diga el hundimiento actual de Argentina, país que en los años 60 del siglo XX algunos analistas ubicaban ya en el 1r mundo desarrollado. O el fracaso contundente de Chile, apenas hace 25 años la joya de mostrar del supuesto milagro neoliberal.


Hubo presidentes de USA que en esa época, públicamente le pedían a los envanecidos gurús de los Chicago Boys, creadores de ese supuesto milagro, que les dieran a ellos la receta del éxito para aplicarla… en Estados Unidos! O el esclerosamiento de Brasil, caso bien documentado con la experiencia Bolsonaro, país que apenas en los años 70 del siglo XX, la prensa tildaba pomposamente de “el milagro brasilero”…Todos ellos y muchos otros con esperanzadoras expectativas, son supuestos triunfos del desarrollo moderno que se desvanecieron en el humo de las promesas incumplidas del capitalismo neoliberal. Algunos califican el panorama actual de decadencia como “estancamiento secular” mientras que los optimistas impertérritos de “circunstancias superables”. Los de acullá, cuidándose de rotulaciones “ideologizadas”, como el FMI o el BM, se refugian en la aparentemente neutral clasificación de naciones “emergentes” y naciones “industrializadas”…Pero el hecho mondo y lirondo es que casi toda Africa, casi toda América Latina y muchos más naciones de otras partes, sobreviven produciendo y exportando materias primas crudas, servicios de bajo plusvalor como el turismo y en varios casos destacables, productos manufacturados pero de baja complejidad. Nada de producción industrial compleja de alto valor agregado que es la clave del desarrollo. Mucho menos bienes con tecnología de frontera, reino de producción y exportación solo de unas pocas naciones industrializadas. En ese panorama no catastrófico pero eso sí en clara decadencia, es que se inscribe la propuesta de Petro.


Pero son circunstancias globales occidentales donde estamos nosotros, decadentes, por tanto restrictivas, deformantes y condicionantes de un crecimiento económico débil y dependiente. Que es lo que hace tiempo arrastra esta nación. Nunca se volvió a repetir y menos hoy día, aquella experiencia pasmosa de los años 20 y 30 del siglo XX pero también algo en la época de la 2ª postguerra, de una ola notable de fundación de empresas manufactureras, pequeñas y semiartesanales es verdad, pero empresas industriales al fin y al cabo, que aparecieron en Cundinamarca, Antioquia, Valle del Cauca, Atlántico, ….Eso fue el salto a la modernidad capitalista dependiente y deformada que todavía nos caracteriza. Afortunadamente a pesar del sunami de desindustrialización que comenzó en el capitalismo hace muchos años, antes inclusive que la aplanadora china de la producción masiva de bienes baratos arrasara con los restos de la producción manufacturera industrial de muchas naciones, afortunadamente decimos, en Colombia subsisten varios centenares de empresas industriales con un nivel de modernidad productiva competitiva (inclusive) a nivel internacional. Pero el atraso estructural del agro impidió una congruencia histórica de los dos sectores para dar el salto a un mejor desarrollo. Porque esa congruencia industria agricultura fue la clave de la modernidad capitalista en todos los países hoy industrializados. Aunque no son las únicas condiciones necesarias. Pero bueno, allí en ese escenario global ya históricamente decadente que hoy tiende a la depresión y no a la expansión, pero que es condicionante obligatorio de cualquier dinámica económica, es que este presidente plantea como objetivo central nada menos que “desarrollar el capitalismo”. Tomémoslo en serio, y como decíamos al comienzo de estas notas, en forma de apretada síntesis, planteemos algunos interrogantes gruesos, solo a título de ejemplos.

Realidad y posibilidad De un escenario mundial no por decadente se puede vaticinar un colapso universal o el fin de una civilización. ¿Cómo se visualizaría tan sombría perspectiva? Por tanto el mecanismo de empresa privada del capital, monopolista como forma direccionante y con rectoría en cabeza de unas pocas naciones avanzadas, seguirá estando al timón de los asuntos económicos del mundo. Pero a esas características orgánicas mundiales de decadencia estructural como la caída histórica de la tasa de ganancia, que es el motor íntimo del proceso, más muchos otros como los mencionados arriba, no escapa ya ni China. ¿Cómo una nación débil como nosotros, que exporta unas pocas materias primas (no muchas) de mínimo valor agregado, más unos pocos bienes de capital, dependiente del exterior y condicionada por él, pudiera dar ese salto prometido al soñado desarrollo? Colombia es un país de una economía débil y deformada con más del 60% del esquema laboral en la informalidad. Informalidad que es la máscara de la miseria. Un PBI donde los servicios (ni siquiera los ultramodernos sino los tradicionales) cubren más del 61% del producto interior. Donde el sector industrial apenas sobrepasa el 10% del Producto Interior. Pero esta cifra sectorial a su vez se constituye con más del 80% de una industria de bienes de consumo ligeros. Donde bebidas y alimentos se llevan la mayoría. Una nación donde la agroindustria existe pero es minoritaria respecto a las formas tradicionales de producción agraria y pecuaria de ínfima capacidad de creación de valor agregado. Un país malformado donde la división productiva interna del trabajo descansa en un abanico reducido de posibilidades y escasos resortes alternativos, a pesar de que el instrumento logístico para su expansión cualitativa existe, el SENA y la Escuela de Administración Pública en manos del Estado, pero nunca utilizados para esos nobles fines.


Más otros aparatos en cabeza de la nación como varias universidades tecnológicas que languidecen en la enseñanza convencional. Una nación donde más del 60% del ingreso nacional está ya capturado por unas poquísimas familias, unas cinco a siete como máximo, con uno de los Ginis más injustos del mundo (incluyendo los pocos accionistas extranjeros dueños del gran capital foráneo que aquí actúa como dueño de palancas fundamentales del poder empresarial y financiero) la mayoría de cuyos miembros relevantes, los de las cinco o siete familias dueñas de la torta, ni siquiera viven dentro del territorio nacional sino que dan órdenes desde fuera. Ninguna de las familias poderosas y dueñas del gran capital, educa sus hijos y nietos acá dentro. Hace tiempo son ciudadanos de ciertas naciones avanzadas preferidas para menesteres tan delicados.


¿Pero en fin de cuentas, una república así de maltrecha, con las armas y métodos de un capitalismo decadente y deformante, puede dar el salto tremendo al desarrollo apetecido? ¡Y todo en menos de cuatro años¡ Si se tratara, dada la cortedad del período presidencial de solo sentar las bases para tan noble aspiración, pues en tal escenario ello equivaldría a algo casi inasible. Sentar las bases…sobre cimientos tan atrasados como los expuestos, se puede volver si nos descuidamos, en solo una figura retórica. Para algo todavía sirve la antigua locución de Flatus vocis…Porque la sencillez del discurso presidencial, al prometer de todo a todos con el objetivo del desarrollo humano integral, ilusionó a millones de pobres, de trabajadores, de campesinos, de empleados, de desempleados, de lumpen por supuesto. Quienes siguen allí, no sabemos si inquietos pero sí, esperando. Pero también están a la expectativa los otros sectores, los de los dueños y sus mastines guardianes: ganaderos, industriales, financieros, empresariado medio y chico a quienes también se les prometió dar confianza y respeto al capital privado. Todos esperan. Y al otro lado del charco, viven los dueños del capital extranjero beneficiario de la inversión directa o el control indirecto. Bien informados y actualizados por acusiosos agentes suyos sitos acá en Bogotá, pendientes de cualquier curso de los acontecimientos. Todo el mundo está a la expectativa.

Lo primero que sorprende es que las promesas de Petro, bien intencionadas entendemos, (cuidado me dijo un amigo bien intencionado: recuerda que de buenas intenciones es que está empedrado el camino del infierno) se apoyan en una inexistente concepción estratégica de desarrollo. No el concepto estrecho y funcionalista de “desarrollo” que manejan premios Nobel liberales como Stiglitz o afines, sino la concepción de desarrollo que defiende el pensamiento crítico avanzado. Que tampoco está representado ni por Piketty ni por Mazucatto.


Aunque estos últimos no se inscriban en el neoliberalismo crudo sino en una variante reformista de tinte neokeynesiano. Sino aquella concepción de desarrollo tal como la esbozaba el cientista social Antonio García, cuando entendía el desarrollo estratégico como un proceso integral en su necesidad transformadora de la historia. Como ésta lo enseña, así fue como se creó un capitalismo real creador de la modernidad, que en los casos de Inglaterra y Estados Unidos, llegó a los máximos niveles que puede dar la historia: un nuevo sistema político-administrativo que reemplazó las instituciones antiguas o las diseño nuevas si no existían; un nuevo sistema productivo basado en la industria y no en la agricultura ni la artesanía manufacturera; un nuevo sistema de ideas, de leyes, de teorías. Un nuevo espíritu creativo, con frecuencia despiadado en su implementación, pero que antes no existía, en las ciencias las artes y los oficios. Estructuras y superestructuras nuevas fueron las fuerzas que alzaron esas naciones mencionadas, pero también a Alemania, Francia, Japón…es decir las mismas que de alguna manera siguen llevando la batuta. Esta vez con China. Se arguirá, aquí tenemos algo de eso, poco pero existe. Concedemos. Por lo que debería por tanto ser más fácil el asunto. Pero, ¿por qué no encontramos entonces una incorporación integradora de todas esas ideas en la propuesta de Petro?


¿Si leyes profundas hicieron posible que se alzaran esas naciones industrializadas, porqué es que no pueden operar aquí? Si lo prometido es el capitalismo, pues se puede construir al paso, dirá alguien. Sí, al paso estamos desde el comienzo de nuestra vida republicana. Pero el tiempo corre y tal “corpus” ideológico integral y orientador del proceso general, no se ve todavía. Aclarando que una concepción estratégica integral, trasciende el marco de un Plan de desarrollo nacional (indicativo no compulsivo) o el de un programa como el propuesto en su oportunidad por la Colombia Humana, e igualmente trasciende el listado de programas y estrategias del Pacto Histórico. Integralidad estratégica exige coherencia sistémica por tanto interdependencia estructural en función de objetivos históricos de cambio de esencia. Conceptualización que no encontramos en los ideólogos preferidos por el propio presidente según el mismo lo manifiesta.


¿Suena extraño o audaz o temerario o visionario o algún otro calificativo que quepa, que alguien que accede al poder supremo, aunque solo al gobierno, plantee como política de Estado, hoy en día, crear, recrear, mejorar, reformar o reconstruir un modelo de desarrollo, el del capitalismo, al cual la cruda realidad de la historia contemporánea está cuestionando en sus fundamentos? La misma historia que muestra una y otra vez que aunque siga funcionando, no es ni racional, ni justo, ni ético, ni proyectivo ni creativo en bien de todos…Sorprende además porque el soporte político institucional del presidente no es el de un partido político propio, sino el de una amalgama de fuerzas dispares cuya caracterización amorfa escapa inclusive a la clasificación clásica de Duverger. El juego operativo dentro de un legislativo de enredado manejo confirma la dificultad enorme de armar, aligerar y operacionalizar consensos urgentes tal como la gravedad de la situación lo exige.


La fortísima inercia conservadurista de la política tradicional, todavía matriz rectora del Parlamento, logra demorar, cambiar, entorpecer e inclusive bloquear iniciativas presidenciales cuando no coinciden con las simpatías personales de muchos de los políticos tradicionales que inclusive dicen apoyar el gobierno. Estos políticos tradicionales precisamente cuya profesión es el ejercicio político y no el interés transformador de la nación, tienen en sus manos palancas fundamentales del poder en la administración Petro. Sorprende además porque este presidente, expositor de ideas brillantes ante cualquier tipo de auditorio, no desdobla sus naturales y reconocibles capacidades hacia las de un caudillo activo de masas, de multitudes vivas en las plazas, defendiendo y exigiendo la implantación de reformas…. La justificación de la presencia constante del presidente en instancias internas, oficinas, reuniones permanentes por actividades burocráticas, no debía ser excusa para no liderar, mejor acaudillar pública y permanentemente las masas que todavía en él confían y siguen a la expectativa. A la participación frecuente en foros regionales o circunstanciales se le reconoce su valor, ya que podrían ser la plataforma previa a tales nuevas situaciones de grandes masas en movimiento defendiendo un proyecto estratégico….que todavía no existe. Explicitado de manera integral y unitaria.


Movilizaciones de masas que dado el caso deberían y podrían ser convocadas por el propio presidente. No olvidar que debido al alcance de varias de las reformas propuestas que afectarían nervios centrales del poder constituído, solo la presencia del líder o caudillo al frente de masas activas y movilizadas, puede garantizar el empuje necesario para los cambios estructurales que se plantean. Nadie espera cambios socialistas de ruptura institucional, ni revolución ni cosas parecidas lo ha dicho el mismo presidente, sino reformas progresistas de cambio como se desprende de las palabras y los hechos del gobernante máximo. Pero, ¿serán posibles solo con el inestable respaldo político parlamentario obtenido hasta el momento? ¿Aún con el reiterado respeto, una y otra vez garantizado a la propiedad privada? ¿Aunque se trata de reformas que caben en el ideario liberal y socialdemócrata? Con reservas. Porque se reconoce la mejoría del clima político democrático mucho menos represivo y sin el macartismo o el anticomunismo antihumano que signó todos los gobiernos anteriores. Pero, hay que decirlo, ese tipo de clima más democrático y abierto, más progresista en lo económico también fue alcanzado hace mucho tiempo por regímenes socialdemócratas europeos. ¿Hasta esos niveles es solo donde se aspira a llegar en las reformas?


Con propuestas como la de la Reforma Tributaria, cuya validez y necesidad hay que reconocer porque este país tiene uno de los índices más bajos de tributación al capital, se erige una piedra de toque de la actual administración. Empero, sin entrar a analizarla en su completa densidad, quisiéramos indicar solamente que afecta más, en términos relativos claro aunque no lo reconozcan, al capitalismo nacional medio/alto inclusive, que al gran capital transnacional en operaciones. Estas últimas, poderosas entidades la mayoría de naturaleza monopólica transnacional, que influyen en muchísimo más del escaso 8% de la economía que ellos dicen afectar, permea en realidad de manera directa e indirecta toda la vida económica de la nación. El tope fijo a partir del cual el capital afectable se inmoviliza en la reforma, digamos sería de 120 millones de ingresos o ganancias. En realidad no es tan trascendental tal tope de cierre del ascenso de lo gravable, sino que importa ver su dinámica proporcional/relativa. Supongamos la siguiente serie de relaciones con un monto de tributación fija del 20% a partir del tope mencionado. 20/120=0.16 20/200=0.10 20/1000=0.02 20/2000=0.01 Lo que indica este sencillo ejemplo teórico, es que mientras más grande sea el capital, menor es el impacto impositivo que sufriría ese capital. Para un capital de 120 se sufriría un impacto impositivo de 16 unidades. Para uno de 200 el impacto impositivo bajaría ya a 10 unidades. Para uno de 1000, el impacto impositivo se reduciría a dos unidades y para 2000, el impacto impositivo se reduciría a solo una unidad. Casi cero. Entre más grande es el capital en las condiciones estipuladas, la fuerza impositiva tiende a cero. ¡Bendito seas capital transnacional que entre más grande eres, más te sonríe la diosa de la fortuna, aunque los infortunados recaudadores de impuestos crean que te están extrayendo más!


Y sucede además que todos los cálculos se hacen sobre valores de inversión extranjera registrada (de pronto es por allí la equívoca cifra del 8%), pero sucede que si se analiza la balanza de pagos del país, los enormes montos pagados por bienes intermedios que allí se registran como importados, confirma lazos de dependencia profundos que como si fueran una maraña parecida al sistema nervioso de una persona, se extiende por todos los intersticios del cuerpo de la nación. ¿Qué bien complejo vendido acá, producido o no producido dentro del país no incorpora bienes intermedios? Y súmenle lo introducido ilegalmente o legalmente de electrónica, bienes de capital….amén de la extensísima gama de la química industrial de la que es mínimo lo que fabricamos. Ni úrea. Una contrastación del registro mundial CIIU, y lo que aquí adentro producimos, confirmaría una deplorable pero realista conclusión para sustentar la idea de la debilidad orgánica de la nación. Y de su base industrial. Por tanto en términos relativos el capital interno, el de capitalistas nacionales, aunque sea grande, tiene que moverse dentro de las reglas establecidas históricamente de apropiación de plusvalía que son dos suficientemente conocidas.


Pero el capital transnacional, por ello precisamente, tiende también a apropiar pero en forma de “plusvalía extraordinaria”. Cuyo monto proporcional siempre es mayor que cualquier otro monto de plusvalor apropiado. Con lo que el mediano capital (y peor el pequeño y del micro ni hablar) e inclusive con la gran riqueza de los arrogantes capitalistas colombianos que por serlo creen que están jugando en las grandes ligas, aunque ganen, pierden en relación a lo que sí gana el gran capital transnacional.


Eso se llama dependencia. Problemita que no aparece considerado en las propuestas de desarrollo de la industria. Por lo que hipotéticamente hablando, el solo problema de la reindustrialización, exigiría mucho más de lo que espera recaudar la reforma tributaria. Pero allí no termina el recorrido. Sucede que la inversión extranjera registrada tiene que remitir anualmente las ganancias que su honrado ejercicio demanda. Sin incluir las volátiles sumas de los capitales golondrina que escapan al menor temor y no aportan creación real de riqueza duradera. Y unos montos gigantes de TES están en manos de fuerzas extranjeras como los poderosos fondos tipo Blackrock, que los pueden hacer efectivos en caso de peligro… Los fondos buitre que devastaron Argentina precisamente. Pues bien, el capital extranjero rescata sus beneficios pero en dólares. Son sumas grandes. Además, la nación está endeudada (deuda pública y privada) en porcentajes ya escalofriantes respecto al presupuesto nacional. Los solos intereses que hay que pagar (sin incluir el retorno del principal) pueden consumir ya más de una cuarta parte de los recursos presupuestales. Y para adornar bien esta cena, los grandes capitalistas colombianos se llevan para el exterior más del 50% de lo que ganan aquí adentro. Y sino que le pregunten a los Sarmiento Angulo, a la familia Santodomingo, a los Ardila Lula y otros poquitos. Las solas actividades mencionadas y legítimas, se chupan cualquier posibilidad de una potenciación industrial interior seria, moderna, avanzada como para competir a escala mundial. Porque la parte sustantiva del nuevo valor que crea anualmente el país, se escabulle al extranjero.


Y solo tocamos el asunto de la conexión reforma tributaria y una reindustrialización prometida. Escapa a este ensayo la visión integral como totalidad. Y con esto llegamos a la gran carencia del proyecto Petro: como hay ausencia de una concepción estratégica de desarrollo que sirva de brújula orientadora del norte de la nación, pues esto permite abordar los problemas de manera particularizada y sectorizadamente. Pero como el país carece de independencia estructural efectiva como acabamos de ver, la realidad es que esta nación está orgánicamente imbricada con el imperio. No marginalmente ni meramente conectada al imperio, sino que hay imbricación orgánica. Lo que quiere decir dependencia orgánica. Por tanto, con las condiciones generales descritas, las reformas posibles, o abordan la integralidad del problema o serán solo reformas circunstanciales y/sectoriales en el mejor de los casos, que es lo permite la división del trabajo internacional dependiente, sin poder resolver los problemas orgánicamente integrales que son los que definen naturaleza e identidad de la nación. La que depende de la naturaleza del imperio.

Por supuesto, lo que el régimen confía es que a pesar de las dificultades, pueda superarlas y que le dejen alcanzar las reformas propuestas. ¿Quién no desearía tal cosa? Es lo que se esperaría con un sano sentido común. Cambios y reformas progresistas que por demás ya han sido intentadas en la historia republicana. Habría nomás que recordar el amplio y profundo esfuerzo transformador del liberalismo radical en la mitad del siglo XIX. Con reformas de las cuales aún se beneficia la nación. Y que fueron lideradas no por uno, sino por varios prestigiosos líderes del Olimpo Radical. El abanico de contradicciones que enfrenta esta administración es formidable. Quedaría por preguntarse. ¿Cómo respondería este régimen presidencialista, cuya potencia política parece estar concentrada en la figura presidencial, como respondería preguntamos, si la historia a veces tan voluble o cadenciosa o a veces tan sorprendentemente intempestiva, abre las puertas a contradicciones de fondo llevándolas hasta el límite de posibilidades de ruptura? De suceder tales escenarios, ¿aquí aparecería un momento de la historia en donde la personalidad y voluntad potencial del dirigente se podría transformar en acto?. Veremos entonces por enésima vez si Aristóteles tenía razón.




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